Tonelería, convirtiendo la madera en arte

Hace algunos días, tuvimos la oportunidad de visitar las instalaciones de Tonelería Duero, clientes y amigos que nos contaron cosas interesantes y curiosas sobre este tradicional oficio.

De la mano de Mercedes Calvo, gerente de Tonelería Duero, pudimos disfrutar de un tour que abarcó no solo su fábrica y sus instalaciones, si no toda la historia de la tonelería. Hace algunas fechas, ya avanzamos algo de esta visita en nuestro artículo “¿Por qué oímos hablar de barricas de roble francés y no de barricas de roble español?” donde desgranábamos como el uso militar del roble entre los siglos XVI y XVIII, lastra en nuestros días la posibilidad de que el vino envejeza en barricas de roble español.

No obstante la visita a este cliente, a quien Klingspor provee de bandas abrasivas para conseguir el mejor acabado en el lijado de los listones para sus barricas, dio para mucho mas. Durante nuestra visita, tuvimos la oportunidad de aprender como el grado de tostado de una barrica influye de manera determinante en el sabor del vino. De esta manera, un tostado medio potencia aromas a almendra, vainilla o pan tostado, mientras que un tostado de alta expresión potencia los aromas propios de la madera y los toques ahumados.

Desde que en la década de los 90 esta empresa se decidiera a centrarse en la fabricación de toneles, siempre han respetado una profesión que emana historia y nobleza. Es un oficio de paciencia, de trabajo lento y bien hecho, de artesanía que termina en obras arte más que en productos de uso industrial, de respetar los tiempos no solo de la madera, si no también del fuego, de saber tratar los elementos para sacar lo mejor de ellos. En definitiva, de hacer las cosas con cariño.

Un instrumento con historia

Aunque se podría esperar que el milenario arte de elaborar vino hubiera sido el precursor de la fabricación de las barricas, esto no es así. Este instrumento, con la designación de barrica o tonel, cuentan con unos 15 siglos de historia (hay datos de la elaboración y comercio de vino desde el 2000 A.d.C., pero se transportaba y almacenaba en ánforas), son de origen celta y almacenaban principalmente cerveza. Los celtas se asentaban en centroeuropa, un lugar frío, húmedo y con abundancia de árboles. Allí, ahuecaban el interior de los troncos poniéndoles una tapa, en lo que fueron los precedentes de las actuales barricas.

Con el paso de los años la técnica de fabricación fue evolucionando, aunque sin perder la esencia artesanal con la que nacieron. Del ahuecado de troncos se pasó a juntar largas y estrechas piezas de madera ligeramente curvadas denominadas duelas que, unidas cuidadosamente, confeccionaban la estructura de los toneles. Un oficio tradicional y que, durante siglos, pasó de padres a hijos, perpetuando un proceso que, con algunas mejoras, se mantiene vigente a día de hoy.

El tonel alcanzó el espaldarazo definitivo en el siglo XV, en la ciudad de Jerez, amparado por el prolífico intercambio comercial con los ingleses. El motivo fue que el diseño circular, facilitaba enormemente el transporte al poder trasladarlo rodando. El tamaño más habitual era de 500 litros, hasta el año 1886, cuando por decreto se fija un tamaño estándar de 225 litros.

Hoy, empresas como Tonelería Duero mantienen vivo este noble arte. Desde Klingspor estamos muy orgullosos de poner nuestro granito de arena y colaborar a que un oficio tan cargado de historia permanezca tan vivo como siempre.